Los cielos antonela aparicio

Arqueología en las ruinas de la memoria

Reseña sobre la muestra “Los Cielos” . Antonella Aparicio . 2014 . expuesta en Galería El Pasaje [1] .

Por Gaspar Núñez

 

Comencé a jugar al Counter Strike cuando íbamos al Cyber después de clases. Cuando el letrero verde me avisaba el “poco tiempo de uso”, me metía al Spectator Mode del juego. Ahí no combatía contra mis compañeros, pero podía visualizar la escena de otra forma que me re copaba. Podía elevarme y ver los límites del mapa desde arriba o acercarme, atravesar las paredes de esas volumetrías improlijas, planimétricas del 3D primerizo, podía ver dónde se encontraban todos los jugadores. Si bien no era omnipresente, porque no estaba en todos lados a la vez, sería lo más cercano que una persona podría experimentar a la omnipresencia; sentía la libertad de poder estar en cualquier lado. Pues, Antonella Aparicio nos obliga a entrar al “modo espectador” para ser partícipes en su juego.

En una pared de la sala hay colgados cinco cuadros hechos con una especie de porcelana fría casera, teñida a mano, adherida directamente sobre el vidrio. En un pedestal, un maletín de traslucidez opaca, de colores “sucios”, como un ámbar donde se incrustan algunos juguetes. Del otro lado, una maqueta parda, hecha de arcilla, y que sin ningún resguardo convive con el agua que degrada su materialidad, desparramándola por la sala inundada. El contraste entre la escala humana y la maqueta de nimias casitas nos sitúa casi como supervisores de la escena, espectadores de aquel juego.

Toda la muestra es invadida por un aire de infancia, será quizá ese aire el de los cielos de los que nos habla. No lo sé. Los niños, muchas veces, reflejan en sus dibujos ideas y conceptos que consumimos por los mass media. Seguramente todos, alguna vez, vimos en ellos un pino nevado o la silueta de una gran ciudad –hasta diría, una metrópoli mundial- de cuantiosos rascacielos que, incluso, pueden guardar similitudes con el Empire State. Y, si bien la artista explota unas formas y modos simples, naif, infantiles, no es para nada inconsciente de cómo y dónde se sitúa. Jamás salí a la calle y vi al Empire State ni un pino nevado ni un rascacielos. La maqueta de arcilla no cuenta con grandes dimensiones, pero aún así nos impacta su monumentalidad, en ella hay muchas casas y pocos edificios, similar a Tucumán; se ve un ingenio azucarero “en vías de desarrollo”. La no chatura del suelo nos recuerda al pedemonte y una pirámide precolombina muy alejada de la población refuerza lo onírico y lo latinoamericanista. En la vereda de El Pasaje, alguien dijo jocosamente que la obra comenzaba ahí, señalando la roña pegada en el guardabarros de su auto; hizo un guiño a lo que venía pensando. Pues, son coloradas las heridas en las laderas de los cerros tucumanos, es roja la arcilla que llevamos en nuestra mochila, el polvo que se nos mete en los ojos y se nos pega en la ropa y los zapatos es pardo. Entonces, no inocentemente, la artista eligió esa tierra cargada de memoria para construir su “castillo de arena”. Así, vemos como la muestra es envuelta también por un aire gentilicio de regionalismo o de autoctonía y podríamos encontrar también ahí –en ese aire- los cielos. Por qué no.

Alguna vez escuché a Antonella definir “lo tucumano” algo así como “lo trucho lindo” y veo un poco de eso en sus cuadros: una carreta ilógica, en acto de andar pero carente de ruedas y caballos; una calesita asimétrica, un poco grosera, enclenque; el esbozo inacabado –aparentemente- de un prócer, un medio héroe. Me permito leer estos trabajos como contestaciones o ironizaciones sobre los pequeños objetos decorativos de porcelana, de cerámica blanca esmaltada -europea- que vemos inmaculada, “perfecta”. Aquí, la artista imita la masa blancuzca, pero en su traducción hay un desfasaje, un quiebre en que el resultado no coincide con los parámetros de belleza establecidos. Surge un objeto que de alguna forma pretende ser europeo, pero falla rotundamente, es evidentemente “trucho”, es patético. Pero en ese patetismo nos enternece y lo trucho se vuelve querible, entrañable, acaba por ser una conmovedora “linda truchesa”.

Entonces, además de la infancia, el recuerdo, lo autóctono, lo patético, he podido ver –desde mi perspectiva- otros “aires” que aúnan las piezas de esta muestra de gran complejidad y que a simple vista se nos presentan tan disímiles e inconexas entre sí. El maletín ambarino en que se incrustan los juguetes me recordó a restos de civilizaciones antiguas, como los hallados en Pompeya o los ajuares funerarios, a culturas como la egipcia, por ejemplo, en que se diseñaban receptáculos que albergaban las pertenencias más importantes del difunto para que le acompañen en la vida próxima. Creo que algo similar sucede aquí. Podemos distinguir la transición, el paso de una etapa a otra, en donde el maletín es una cápsula del tiempo que contiene a aquellas joyas personales de la infancia de la artista y posibilita cierta distancia entre ella y los juguetes, pero también la preservación de los objetos a su lado. “Siempre, ante la imagen, estamos ante el tiempo”; al ver una imagen del pasado reconfigura nuestro presente y al ver una imagen contemporánea el pasado no cesa nunca de reconfigurarse [2]. Entonces, Antonella ha optado por no desembarazarse de sus antecedentes y tenerlos siempre a mano, ya no solo en la memoria, sino también en aquel maletín y hacer de sus recuerdos imágenes, las cuales nos superan. Frente a ese maletín, que tan de mudanza, de transición, de paso nos parece, nosotros somos los elementos frágiles y él es quien perdurará. Esto de buscar el distanciamiento de aquellos objetos pero que a su vez ese distanciamiento sea “a mano” me provocó cosas y esas evocaciones se repiten al pensar todas las piezas. Pues, esa inseguridad, lleva una cuota velada de melancolía, de negatividad que guardan las obras y es indudablemente disonante con el título de la muestra: “Los Cielos”. Hay ahí un grado de contradicción, de fricción muy atinada y enriquecedora. A esta extraña simbiosis de disparadores divergentes pude vincularla con el nombre del Tucumán mismo del que hablan las piezas. Recuerdo el dato de Geografía en el colegio primario que “Ibatín” -primer asiento de la capital tucumana- se traducía como “lugar donde se es feliz”, -creo yo- muy similar a decir “Los Cielos”. Luego, con la decadencia y traslado de la ciudad “donde se sería feliz”, se fundó Tucumán que puede traducirse como “ir hacia donde abunda o se reúne el agua”; éste segundo también tiene un matiz esperanzador, pues era una nueva tierra de promisión, entendiendo al agua como fertilidad y prosperidad, desarrollo. Pero, en el traslado aquel mensaje alentador a la maqueta de Antonella, se ve como las aguas se presentan como algo perjudicial, a la que el espectador evita y ha inundado la sala, condicionándola. Ahí, el agua ya no es fortuna ni confort, sino otra cosa distinta. Si bien no sabemos si la ciudad está emergiendo o hundiéndose, sabemos que la arcilla acabará por degradarse en el líquido. Es un cielo oscurecido, una isla que poco a poco naufraga y en que se halla la felicidad. El agua inscribe el caos en la ciudad de arcilla, pero es -paradójicamente- un caos sosegado, es como una vorágine inteligente que no se muestra a primera vista y se oculta en un velo de quietud y mesura. De aquella forma de demolición encubierta nos dice Rilke que “la belleza no es nada/sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces/de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente/desdeña destrozarnos” [3].

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” [4].

Atlantis -como Ibatín- es un imperio perdido.

 

 

[1] Galería El Pasaje, San Miguel de Tucumán, Argentina, http://elpasaje.tumblr.com/
[2] G. Didi-Huberman (2000), Ante el tiempo. Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2005.
[3] Rainer María Rilke (1923), Las Elegías de Duino. http://www.literatura.us/idiomas/rmr_duino.html
[4] Biblia, Génesis 1-1

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4 comentarios en “Arqueología en las ruinas de la memoria”

  1. Profile photo of NoeliaSoria NoeliaSoria dice:

    muy bueno Gaspar! te leí muy enamorado de la obra, un bajón no pude ir a verla para explayarme mas en mi opinión, pero me diste un recorrido fantástico.

  2. Marcos Figueroa dice:

    Muy buena reseña Gaspar ! me gusta porque lejos de explicarla tiene la cualidad de establecer un campo de relaciones que permite abrir sus sentidos. Me pareció muy buena esa referencia que la exposición empieza en el barro que suelen tener algunos autos en sus guardabarros, a mi no se me hubiera ocurrido! (no se a quien se la escuchaste pero es un copado total) y muy interesante la relación con Ibatín. Creo que la función de un texto es justamente eso, ofrecer nuevas miradas para sumar a la productividad generada por ese primer texto que es la imagen que se expone (como en este caso).
    Me gusta también el lugar desde el que decís. Me parece llano y para nada autoritario ya que en ningún momento pretendes hacer bajadas de verdades incuestionables.
    Y hablando de lugares desde el que decimos recuerdo los comentarios que le hice a Antonella respecto al lugar que parecía ocupar el espectador en esa especie de puente angosto e inestable. Un puente donde veíamos las cosas con las perspectivas limitadas por esa circulación que solo admitía ir o volver de una puerta a otra. Creo que estas limitaciones de circulación predeterminadas por la propia arquitectura sumaban a la propuesta de Antonella ya que ellas abrían nuevos campos de relaciones. En realidad la visión “a vuelo de pájaro” de aquella maqueta (pero también sucedía de alguna manera con la valija) solo vimos parcialidades que tuvimos que completar apelando a nuestra memoria. No quisiera extenderme en estos puntos pero personalmente pienso que es aquí donde radica la riqueza del trabajo de Antonella porque creo que con él nos hizo partícipes de una visión nostálgica, y en consecuencia trágica, de las cosas.
    En definitiva muy buen texto Gaspar y excelente muestra de Antonella Aparicio !!

  3. Luis María Rojas dice:

    Muy buena reseña, lamentablemente no pude ver la muestra, pero planteaste una buena trama de sentidos que van sumando de a poco un sentido integrador. Saludos!

  4. Gracias Gaspar! Es realmente muy iluminador tu artículo y creo que sos un buen reseñista.
    Y muchas gracias por los comentarios!

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