EL Pasaje Taller Curaduría Dani Lorenzo Marina Panfili

¿El Inmigrante? / Apuntes a partir de una charla con Juan Grande

Por Andrea Fernández

 

Boceto de escena

En San Miguel de Tucumán la mayoría de los artistas visuales/plásticos -me animo a decir que el noventa y cinco por ciento- ha pasado por la Facultad de Artes de la Universidad pública. Casi todos los artistas activos de la ciudad se han involucrado por lo menos una vez en proyectos de gestión colectiva para realizar exposiciones y/o eventos “artísticos”; la mayoría de los artistas tucumanos -que se autodefinen: contemporáneos- han participado de al menos una clínica de análisis de obra, para la cual debieron pasar por una selección, y a veces también pagar; una gran parte de los artistas que residen en esta ciudad ha expuesto su trabajo en un bar cultural local, un grupo menor ha expuesto en algún espacio (público o privado) de esta u otra ciudad argentina, y un número muy reducido ha expuesto fuera del país. Después de algún tipo de reconocimiento en el ámbito del arte local y/o nacional varios artistas tucumanos se fueron de la provincia (sobre todo a Buenos Aires), algunos de ellos siguen en contacto con Tucumán haciendo exposiciones o vinculados a proyectos de gestión, otros pocos se fueron por un tiempo y más tarde regresaron a residir en la provincia nuevamente, poniéndose a la cabeza de proyectos o sumergiéndose en el anonimato.

En San Miguel de Tucumán hay cuatro espacios que venden continuamente obras de artistas tucumanos; hay dos sobresalientes: El Taller, que vende obra de aproximadamente cincuenta artistas (en su mayoría tucumanos), y RUSIA/galería, que vende obra de diez artistas (por lo menos hasta fines del 2014).

Los tucumanos hemos sido testigos, o partícipes, en los últimos diez años (hago este recorte solo por la limitación de mi edad y conocimiento directo) de múltiples proyectos colectivos gestionados por artistas, puedo afirmar que la mayor parte de ellos terminaron o cambiaron hasta hacerse otros, por problemas afectivos/pasionales. O, por el otro gran motivo que hace finalizar los proyectos colectivos: la falta de recursos económicos, y el hartazgo del voluntarismo.

En San Miguel de Tucumán -como en otros lugares- entre los propios artistas se validan como tales; algunas veces con el estímulo de alguna beca o invitación a exponer de instituciones estatales o independientes. Entre los artistas de la misma generación se escriben los textos para los catálogos (con excepciones en las que el texto es escrito por un profesor o profesora) de las muestras que ellos mismos gestionan, a veces alquilando un espacio exclusivamente para ese fin. Quienes concurrimos a exposiciones de arte sabemos bien que -arriesgo a afirmar- un noventa y ocho por ciento de los asistentes/espectadores son los propios artistas de la ciudad.

 

Un actor

En este escenario de relaciones, validaciones y afectos, entra en escena Juan Grande, un abogado nacido en la década del ochenta, que se involucró con el arte contemporáneo desde la gestión cultural (sin pensarla ni nombrarla desde el inicio como tal, aunque actualmente sí la piensa, nombra y estudia) creando “El Pasaje”, un espacio independiente en una casa de su propiedad, donde se realizan desde el año 2011 variadas exposiciones y talleres. Más tarde comenzó a producir obras como artista visual, y también como diseñador textil; y en el 2014 se posicionó como curador al curar la muestra de una de las grandes referentes del arte contemporáneo tucumano, la docente y artista Carlota Beltrame.

Juan Grande afirma que no puede escindir el arte y la cultura de su vida diaria, incluso cuando se trata de su profesión. Se reconoce activo, inquieto: “(…) no puedo parar de gestionar y armar y crear contactos, conexiones. Todo el tiempo estoy gestionando, primero cultura, después arte”. Dice que su producción artística forma parte de su proyecto de gestión cultural, y a la vez que no sabe si es artista, pero que tampoco le preocupa: “El arte no es una preocupación en mi vida. Solo es. Ahí está. Mi novio es un artista. Mi viejo es un artista. Mis amigos son artistas, incluso mis colegas abogados son artistas. En mi Facebook y en mi Twitter hay artistas. Y yo estoy en el medio; me gusta ser un nexo, un puente.”

Sobre la escena del arte tucumano opina que “tiene que comenzar a dialogar, pero sin caretas, sin hipocresía. Y hay que abrir el juego a nuevos artistas, al Estado, a la gestión independiente, al público. Si sos artista y te interesa mínimamente reflexionar sobre la escena, dejar el ego de lado, compartir, El Pasaje te abre las puertas gustosamente, si no, también; pero vas a tener que entender por ejemplo que no hacemos diferencia de trato con los artistas, o que vas a tener que colaborar en algún aspecto con el espacio y que no sos la estrella porque vas a exponer. Estamos todos en la misma en El Pasaje, partimos de la premisa: Todos tenemos mucho por aprender, todavía, y lo decimos y así actuamos. No le tenemos miedo al fracaso ni a los errores”.

Aquí comparto un fragmento de la charla que tuvimos por chat:

¿Tenés una historia de amor con el arte?
(…)
No sé si es una historia de amor. Siento que es más que eso. Las historias tienen un final y el amor, muchas veces también. Siempre digo que El Pasaje va a cerrar cuando me canse o cuando me muera, estoy seguro que va a ser así. ¡Hay tantas cosas por hacer! Pero El Pasaje es solo uno de mis proyectos y el primero, y al cual estoy poniéndole todas las fichas hoy y ansío que se convierta en un proyecto macro, colectivo, pero necesito gente que tenga ganas de implicarse seriamente; el plan está.

¿Cómo empezaste a hacer gestión en arte?
Un día abrí El Pasaje y me metí de cabeza a la gestión cultural, comencé con el trabajo de campo casi sin saber mucho de que se trataba y de a poco comencé con el trabajo teórico de investigación personal y hoy estoy haciendo un posgrado en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba, un viaje. En el medio surgieron otros proyectos independientes y también colaborativos con el Estado… de a poco me voy formando, la praxis es el mejor campo para eso, sobretodo en la gestión cultural. Creo que la “mejor gestión es la que se realiza” y que no hay “estrategias”, reglas, “un camino a seguir” para que un proyecto cultural sea exitoso. Hay tantas formas, hay tantos éxitos… solo hay que experimentar y aprehender y elegir qué se hace. La gestión de arte es muy específica y no la equiparo a la gestión cultural, si veo que es una de las áreas en la que un gestor cultural puede desenvolverse, y también la considero muy necesaria en el circuito tucumano hoy, pero de hecho, no es la que más me interesa. Como Abogado que soy, me interesan los procesos sociales y su implicancia en el modo de vida que tenemos, en la cultura y ver cómo podemos hacer para vivir un poco dignamente todos. Soy un militante de los Derechos Humanos, todos los días y todo lo que hago siempre tiene ese plus, el arte es una herramienta que elegí para fortalecer y salvaguardar algunos logros sociales que logramos conseguir democráticamente. ¿Ambicioso? Apasionado.

¿Por qué existe El Pasaje?
Lo creo necesario, no porque “me haga feliz” todo el tiempo. Si no porque apareció en un momento (2011) en el que el arte tucumano era algo para unos pocos: pocos artistas, pocos gestores, poco público, la estética de los artistas y la producción no tenían casi nada que ver con la identidad tucumana. Y yo lo notaba, sumado a que conocía muchos artistas que se quejaban porque no tenían donde exponer, por decisión propia, o por decisión de terceros, y que obviamente tenía que ver con eso de la estética tomada de cualquier otro lado, menos de aquí. Apareció El Pasaje un espacio que desde el primer día se planteó como un espacio abierto, colaborativo, discursivamente interpelaba al encuentro y la convivencia respetuosa de las distintas escenas locales. Y hoy seguimos siendo eso.
(…)

¿Qué obras (de arte) te interesan?
Las que me hacen reflexionar.

¿Qué pensás de la relación arte y política?
Se me dispara la cabeza para muchos lugares con esta pregunta, pero haciendo foco en “el arte” como “dispositivo o modo de visibilidad de las distintas artes” creo que toda obra es un hecho político. Por ahí escucho que intentan hacer “obras apolíticas”, me causa un poco de gracia, lo reconozco. Política estamos haciendo todo el tiempo, todos nosotros, en cada decisión, en cada acto, en cada obra. Los seres humanos somos seres políticos y el arte es un hecho político.
Estaría mejor que comencemos a hablar de políticas culturales, a Tucumán le hace falta.

 

Entre bambalinas

Creo que la “llegada” de Juan Grande a esta comunidad ha generado de algún modo una crisis, ya que su inquieta presencia rompe con la cómoda monotonía de la escena que creía ya cerrado su contrato social de pertenencia al “círculo del arte”. Muchas veces escuché hablar de él como un “extranjero”, ya que no había hecho el mismo recorrido que la mayoría de los actores de esta escena, había tomado atajos y cuestionado incluso los criterios de valor -no nombrados pero- compartidos.
Su recorrido alternativo y sus cuestionamientos desde sus prácticas han generado muchas discusiones y reflexiones sobre modos de hacer y posicionarse. Estos apuntes solo intentan darle, de algún modo, la palabra.

 

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