EL Taller

Entrevista a El Taller

Por Sergio Ordeñana

 

Mariana Sabeh y Maria Elvira Forenza se presentan como licenciadas en arte. Ambas compartieron las clases de Ezequiel Linares en aquel legendario taller de pintura de la FAUNT.
Tienen un taller de enmarcado que, sin duda, es el más respetado de la ciudad. Sus marcos siempre se destacan y es fácil identificar su mano en muestras y colecciones privadas.
Un marco de El Taller siempre es pulcro, bien realizado y no pasa desapercibido.

Hace unos años El Taller se convirtió en algo más que un lugar de enmarcado y hoy la exposición y venta de obras tienen un lugar importante en la vieja casona que ocupan en calle Santa Fe.

La galería de arte de El Taller presenta varias muestras por año, tiene obra de más de 30 artistas en su trastienda y participó en la feria nacional EGGO Córdoba 2014.

Se ha establecido como un referente en el mercado del arte tucumano y es quizá el único espacio que cuenta con un público que excede al “mundillo artístico local”; en cada vernissage el lugar se ve colmado de espectadores, de compradores, de gente que disfruta del arte sin participar necesariamente en su “cocina”.

 

¿Cómo fué que  inventaron El Taller?

Mariana cuenta: “Antes de terminar la facultad yo ya pensaba en si quería realmente ser artista, si deseaba para mí ese estilo de vida tan especial, si tenía el talento suficiente para serlo. Una vez había escuchado a Margarita Vera decir que ser artista era un estilo de vida muy particular, que implicaba mucho sacrificio y la verdad es que eso me asustaba un poco. Era algo que me cuestionaba recurrentemente. Mucha gente optaba por hacer carrera en la docencia y eso tampoco me gustaba. Surgió la idea de hacer una empresita entre unos compañeros, algo que tendría que ser afín a nuestra profesión. Ese primer emprendimiento no tuvo éxito.

Maria Elvira por el contrario dice: “En aquellos años no me imaginaba otra cosa que ser artista. Me encantaban la pintura y el dibujo. Cuando nos recibimos, teníamos pensado hacer un viaje juntas y necesitábamos juntar plata para poder hacerlo. Empezamos haciendo marcos para eso”

Mariana relata: “Mientras íbamos a la facultad sufrimos mucho el tema del enmarcado desde el lugar de clientes. Era un padecimiento encargar un trabajo y no saber qué te iban a hacer.
Cuando nacío mi primer sobrino  hice unos dibujos para regalarle y los llevé a enmarcar, pero cuando fui a buscarlos me entregaron algo que no tenía nada que ver con lo que yo había elegido y que  no me gustaba nada! Los llevé a casa, los desarmé, los repinté, y los dejé como yo quería.

Despúes de eso la familia empezó a pedirnos que enmarcáramos sus cosas.

Hicimos el  viaje planeado y  trajimos unas láminas con la idea de venderlas y asi empezamos a trabajar con los marcos. Nuestra forma de trabajar, en esos tiempos, era re primitiva, teníamos un cajón de madera y nos turnábamos para serruchar. Hacíamos todo solas, o con la ayuda de mi marido -cuenta María Elvira-, somos totalmente autodidactas, aprendimos empíricamente.

Así empezó el trabajo más serio, que al principio, con mucho de juego, fue tomando forma como una actividad comercial más organizada. Amigas decoradoras empezaron a pedirnos cosas y para nosotras era un desafío lograr algo más que el enmarcado tradicional, empezamos a incorporar otros materiales y el marco empezó a tener cierto protagonismo, un algo más que nosotras le dimos a cada trabajo.

Sentíamos que había un hueco en el mercado que se podía ocupar y que la gente quería algo distinto, el boca en boca hizo mucho, nos gustaba la cosa bien hecha y que el cliente se lleve un producto diseñado y bien realizado.

Aún hoy nos traen marcos que hicimos en esa época y… la verdad es que estaban bastante bien hechos y bien terminados, desde el principio, ja ja!!! Éramos muy cuidadosas”.

 

¿Cuándo arman un espacio abierto al público?

-En un primer momento alquilamos un lugarcito para trabajar, eso fue en 1995, ¡¡hace veinte años!!

Ocupamos luego unas oficinas prestadas y de ahí a la San Lorenzo, a una casa antigua con un balcón que hacía de vidriera, ahí ya teníamos un muestrario a la vista, algo más armado para el público.

Luego nos mudamos a calle Santa Fe, en frente del local actual, ahí estuvimos seis años y después nos fuimos a la Balcarce al 200, a una casa de dos plantas donde estuvimos unos años más. Hace cuatro años armamos el espacio donde estamos.

Es una casa hermosa, típica “casa chorizo” remozada, con un espacio ideal para muestras; tenemos muchos  clientes que llegan a encargar marcos, además de los que ya saben que hay arte para mirar y comprar y se acercan a ver lo que hay de nuevo.

 

¿Cómo empezaron con la idea de vender arte además de los marcos?

Nuestra actividad como galeristas comienza en Rojo Estoy, un restó de Yerba Buena donde tuvimos un espacio específico para muestras, ahí ya hacíamos vernissages e invitábamos gente a mirar y a comprar. Fueron algunos años ahí hasta que trasladamos las muestras a este lugar.

“Antes colgábamos mezcladito, láminas y arte juntos, después cuando ya estábamos  en la Balcarce, definimos un poco más la actitud del espacio y empezamos a  colgar sólo arte original, pero la gente nos identifica como galería desde que estamos acá, en la Santa Fe.

Al comienzo había un temor con el arte, uno sabía que los espejos o las láminas se vendían, nos iba muy bien con eso. Pero siempre pensamos, influenciadas por nuestra formación y nuestro corazón, que el arte era importante y que debía ocupar un lugar más destacado en nuestra vida, sólo que tenía que incorporarse comercialmente.

Había lugares donde se vendía arte, más que nada en casas de decoración, pero esa manera… no coincidía con nuestra idea!. Sabíamos que había una demanda y empezamos a tener originales para vender y enmarcar; eran grabados más que nada, obra gráfica y dibujos. Los artistas eran nuestros amigos de la facultad y amigos de amigos que se fueron sumando a nuestra cajonera y a nuestras paredes.

En un momento pensamos en tener un local solo para el arte pero la verdad es que uno necesita que el espacio se solvente para poder pensar en un emprendimiento a largo plazo, nosotros sabíamos que los espejos se vendían y el marco funcionaba. Entonces decidimos que al primer proyecto debíamos sumarle el arte original, que es una pasión de ambas, e invertimos en eso, material y espiritualmente.

Al principio había que hacer un gran trabajo para vender arte, convencer a la gente de que ‘la lámina no!’. Fue una ardua tarea ‘contra corriente’. Remamos mucho en ese sentido con los decoradores y con los clientes para estimular a tener arte en sus casas, ¡hoy ya hay muchos conversos que no te pedirían una lámina ni locos, por lo menos aquí!”

Los decoradores son muy importantes, ellos influyen para que la gente consuma arte, la obra casi siempre la  elige  el cliente pero muchos llegan a El Taller de la mano de un decorador y confían mucho en lo que él les diga.

Cada vez más gente quiere tener arte original pero también tiene miedo de equivocarse. En ese caso tratamos de contarles sobre los artistas que les gustan, sobre lo que hacen y mostramos varias obras. Es importante que quien compra se sienta cómodo con lo que va a comprar y lo disfrute. Sin imponer, porque muchas veces la obra tiene que “quedar bien arriba del sillón” pero además nos gusta que el cliente se enamore y se apropie de la obra que compra.

Mariana recuerda una frase de Ruth Benzacar: “‘Trato de que el cliente se anime a correr la aventura con el artista’. Hay clientes que se animan, compran a un artista y lo siguen, leen sobre lo que el artista hace y se involucran pasionalmente con el arte que compran.

Cuando el cliente se va con una obra a la casa, me encanta, yo estoy convencida de que el arte mejora la calidad de vida de las personas.

Hay gente a la que le hemos vendido su primera obra y esa sensación de satisfacción del comprador es única, esa felicidad suya hace que yo me sienta llena.”

 

¿Cómo incorporan artistas a El Taller?

María Elvira: “A veces los contactamos nosotras porque los vemos en muestras, otras veces son artistas que llegan al taller a enmarcar su obra y nos gusta lo que hacen y muchas veces también son ellos los que nos buscan a nosotras.

En base a conversaciones, tratamos de interpretar su idea de cómo encaran su producción y su carrera. Un artista no es alguien que pinta ocasionalmente sino alguien que dedica una parte muy importante de su tiempo al arte. El compromiso del artista con su obra y con la galería es algo fundamental para que la relación funcione.

Nadie compra viendo una sola pintura de un artista, necesitamos tener varias obras de cada uno y de ese modo podemos darle al cliente una visión más amplia de lo que está llevando.

Me parece que casi siempre los galeristas aparentamos ser ‘los malos’ pero es probable que todavía los artistas no tengan  una vision igual a la nuestra.  Nosotras estamos en la galería nueve horas por día, ponemos un gran esfuerzo en esto, invertimos mucho para que el lugar esté presentable para recibir clientes y mostrarles arte de la mejor manera posible.. Le ponemos toda nuestra energía a esto y es importante que los artistas se involucren desde el lugar que les corresponde. El artista a veces no tiene en cuenta el trabajo de la galería, pero entendemos que eso tiene que ver con una falta de profesionalismo no adquirida aún y que lamentablemente en la Facultad es algo que todavía no está contemplado curricularmente.

Tiene que ser una sociedad cuidada y respetuosa. El artista se beneficia económicamente cuando se vende, pero permanentemente con la difusión de su obra.

Nosotros no alquilamos nuestro espacio. Los artistas que muestran acá cuentan con nuestro apoyo para que ocupen este lugar con su obra, que es muy valiosa.”

 

¿Cómo cobran el trabajo de la galería al artista?

Mariana: “Cobramos un porcentaje sobre el precio final de la obra vendida. Entendiendo que eso paga el costo de mostrar, promocionar, iluminar, invitar a los posibles compradores y generar la venta.

Antonio Segui decía, ‘yo produzco, y que se ocupe el galerista de vender’.

Este año surgieron nuevas formas de contactar con los compradores, empezamos a organizar encuentros donde los artistas conversan con los clientes.

 

¿Cuál es la obra que mas les gustó vender?

María Elvira dice: “En realidad todo el tiempo tenemos obra que ¡no quisiéramos vender! La serie de las lunas de Linares es una que recuerdo en este momento. Esa es la obra que me gustaría tener todavía conmigo pero sé que la persona que las compró las disfruta muchísimo.”

Mariana cuenta otra experiencia: “Había una obra de Pablo Guiot que un decorador proponía para un cliente y a mí me parecía una pieza difícil para alguien que no conocía  la obra de Pablo, sin embargo el cliente quedó fascinado cuando la vió. En ese caso sentí un placer extra en ayudar en esa venta ya que el cliente se enamoró de la obra.

Lo que más me gusta es lo que yo llamo ‘La experiencia El Taller’. Hay gente que disfruta de venir, de estar rodeado de arte. Hay un señor que trabaja en Tucuman Vidrios y cuando trae vidrios, mientras espera cobrar, recorre la galería y ¡¡como disfruta!! habla de las obras, se acuerda de algunas que ya no están, se detiene , se acerca, pregunta. Es un placer tener gente que disfruta de lo que ofrecemos.”

 

¿Hay algún best seller?

María Elvira: “Guillermo Rodríguez causa sensación, una emoción especial, genera un encanto particular , mucha gente quisiera tener uno, ¡es el más deseado! Ja ja.

La gente hoy compra muchos artistas, quizá algunos con obra más ‘amable’ abren la puerta a otros y nosotros fomentamos que la gente conozca nuevos artistas y se anime a nueva obra.”

 

¿Cómo se llevan ustedes y los clientes con el arte contemporáneo?

Las dos coinciden: “Nosotros somos hijas del oficio, disfrutamos del pincel, del dibujo, del trazo justo. Sin embargo el arte contemporáneo también nos seduce.

A veces hay que explicar, por ejemplo que una obra contemporánea no es perfecta, que hay cosas que exceden la calidad de la realización y dan preponderancia a otras cosas, a otras ideas. No es fácil a veces transmitir ese concepto, pero la gente cada vez lo entiende más y aprende a disfrutarlo.”

 

El Taller está ubicado en la Calle Santa Fe 240 en San Miguel de Tucumán, Argentina.

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