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¿Resistir en la memoria? “La Utopía” de Carlota Beltrame

por Fernando Macias
El primer contacto que tuve con las imágenes de “La Utopía” (Serie de randas en proceso, con signos y pintadas políticas bordadas) de Carlota Beltrame, fue por Facebook. Inmediatamente comencé a decodificar signos, advirtiendo que la artista exponía a Tucumán, un tema recurrente en su obra.
Las primeras cuatro randas que compartió en su perfil de fb bordaban: el logo del Partido Comunista, la cara de Ernesto “Che” Guevara, las siglas ERP (Ejército revolucionario del pueblo) y FAP (Fuerzas Armadas Peronistas). El logo del PC tanto como el famoso retrato del Che realizado por Alberto Korda son signos universalmente reconocibles, sin embargo la figura del ERP ya nos ubica en Argentina- ya que éste fue el “brazo guerrillero” de lo que fue el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores). El FAP fue una organización liderada por Envar El Kadri, que tuvo su aparición en la localidad de Taco Ralo, en nuestra provincia. El discurso crece desde el soporte en el que están construidas estas imágenes: las randas, una tradición artesanal tucumana, especialmente del departamento de Monteros.
La historia de Tucumán y sus movimientos populares obrero-estudiantiles junto con las luchas armadas o ideales revolucionarios (en gran parte inspirados por la Revolución Cubana, y la figura romántica del Che) están ligados muy de cerca. No se puede desprender a nuestra provincia del vínculo con la caña de azúcar, de su Universidad, tampoco su declive económico en los años sesenta.
Durante la dictadura de Onganía -iniciada en 1966-, se intervinieron universidades en todo el país, también en Tucumán; junto con la imposición de planes económicos que provocaron el cierre de once ingenios azucareros. Posteriormente, el cierre del comedor universitario concluyó en grandes levantamientos populares, como el Tucumanazo.
Cuando llegué a la muestra “La Utopía”, el día de su inauguración, me encontré con una gran cantidad de inscripciones o logos que de alguna manera responden a las ideologías de un gobierno de turno: Evita Montonera, Jp El Kadri, La Cámpora; en unas logré visualizar el logo peronista PV de “Perón Vuelve” como también una cita a esto, pero escrito literalmente: “Néstor vuelve”. Me encontré con dos randas de difícil lectura, en una de ellas se llegaba a notar la seña con las manos de los dedos índice y mayor en V y parece leerse “Peronismo Militante”. Pero también me encontré con otras dos, la más pequeña y sutil pero nítida es el pañuelo de las Abuelas de Plaza de Mayo, y la otra: la cara de Raúl Alfonsín con la inscripción “30 años de democracia”, la misma que en algún momento me encontré en la calle. Estos “nuevos” bordados le dieron otra dirección a toda la lectura que venía haciendo de la obra, y es lo que me ha dejado con la “sospecha”, esa que se hizo presente en charlas de bar post-muestras, opiniones de café o en chats virtuales. Y es a la que me lleva a escribir sobre esto, querer compartirlo y no dejarlos en opiniones o flashes temporales.
¿Qué tenía que ver o descubrir entre las randas?, porque requería un ejercicio el tratar de descifrar qué nos decía cada randa. El ejercicio de descifrar la propia memoria, se desborda lo personal hacia lo colectivo. Se abren preguntas.
Eso también me llevó a volver a pensar en el soporte que utiliza. El arte de la randa es producto de una conquista (como otras tantas) o el legado involuntario de un arte de origen alemán que las damas españolas traían consigo. Se podría decir que es un legado de apropiación donde la adaptaron, practicaron, enriquecieron y la transmitieron durante 400 años; un sub-género de las puntillas y el encaje.
Desde hace algunos años el IDEP (Instituto de Desarrollo Productivo de Tucumán) y el Centro Cultural Virla de la UNT trabajaron en conjunto con la tarea de revalorizar y resignificar esta artesanía incluyéndola en otros campos, como en el diseño de indumentaria. Un trabajo en conjunto entre diseñadores tucumanos (como Alejandra Mizrahi o Jessica Morillo/Ansiosa Hormona) con randeras de Monteros para adaptar su trabajo a estos nuevos lenguajes (en el 2013 presentaron un libro titulado Randa, tradición y diseño tucumanos en diálogo).
Según datos con los que me encontré, quedan aproximadamente unas cincuenta randeras que sostienen esta tradición y entiendo el trabajo del IDEP y del Virla respecto a eso. Pienso en este tipo de acciones como una resistencia en la tradición. ¿Resistir en la tradición para reactivar la memoria?
¿Será éste entonces el uso que Carlota Beltrame le da al uso de la randa como herramienta? ¿Reactivar la memoria? Pero hay un juego de oposiciones, sus bordados muchas veces impiden la fácil lectura y pareciera ser que las imágenes luchan para no ser reconocidas, y por ende, ser olvidadas.
Su “consigna” era reproducir signos y pintadas políticas, entonces pienso, pienso y vuelvo a pensar en las imágenes que entre sutilezas las randas evocan. ¿Qué pasó y dónde quedaron las utopías?
Volviendo un poco sobre la historia, sabemos que las luchan de los años sesentas, posteriormente los Tucumanazos, la unificación de movimientos guerrilleros peronistas llamados “Montoneros”, finalmente la Muerte de Perón; levantaron en Tucumán un fuerte movimiento de lucha.
Consecuencia de eso, se firma el decreto en 1975, mejor conocido como “Operativo Independencia” bajo el gobierno de María Estela Martínez de Perón con el fin de aniquilar al ERP, un año antes en Tucumán se puso en práctica todo el horror que comenzará al siguiente en todo el País.
Bases militares en Santa Lucía (Departamento de Monteros), secuestros de personas, primeros centros clandestinos de detención del país, en una escuela de Famaillá; torturas y finalmente desaparición total y ocultamientos de cuerpos.
Pensar en las primeras randas que vi y en la consigna que ella se imponía claramente me podía llegar a imaginar una randa que diga “Que se vayan todos” aludiendo a la crisis que vivió el país en el 2001. Puede haber sido un buen signo, si de Tucumán se hablara. Porque a partir de estas épocas vemos un gran levantamiento de espacios independientes totalmente autónomos que están ligados directamente a un contexto político. Bastante se escribió sobre eso, no sé si mucho pero sí bastante.
Los signos parecen querer ocultarse en un pasado reciente. Enmarcados de una manera tan sutil que guardan a las randas como reliquias y el montaje apenas entré a la sala me recordó a esos tipos de decoraciones con platos de porcelana antiguos sobre la pared. No se usa, no se toca, solo están ahí para ser apreciadas; como adorno de nuestra historia.
Luego de las dictaduras, se ha silenciado todo tipo de rebelión social, los medios se han concentrado más en los fracasos de los movimientos de izquierda que en sus conquistas. El individualismo y las nefastas políticas económicas neoliberales de los años 90’, donde nací y en parte empieza una historia muy personal con eso.
Nuevamente vuelvo a la randa con la cara de Alfonsín y su escrito “30 años de democracia”, no soy de las persona que creen en la Democracia como una conquista, como un logro, soy de los que piensan en una construcción social a partir del 83’ y que aún seguimos construyendo. Después de todo ¿Quién ganó o quién perdió?, parece que las dictaduras en Latinoamérica hicieron un muy buen trabajo para que en este momento nos encontremos hablando solo de “Utopías”. Tampoco sé si creo en una Revolución en este siglo, dudo. Pero sí pienso en esta pasividad que vivimos, o esperar que entre alguna pintada política para una randa no me encuentro un “¿Dónde está Julio Lopez?” por ejemplo, siento lógico que no encuentre ese tipo de bordados.
En mi primera teoría, un abordaje político directamente ligado a Tucumán, pensé que podría haber una randa con la inscripción FOTIA (Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar) pero advertí, y fue escribiendo este texto que las randas abarcan desde el año 1960 en adelante, año donde nace Carlota. ¿Será una coincidencia? Pareciera ser que “LA utopía”, es SU utopía.
Llegando a las conclusiones hago estas preguntas. ¿Hay en la tradición, identidad?, ¿Podríamos estar hablando de una identidad nacional o colectiva?  A lo que me lleva también cuestionar. ¿Deberíamos identificarnos con ella?
Esta serie de randas tituladas bajo el nombre de “La Utopía” es una obra en proceso cuyos bordados reproducen signos y pintadas políticas. Las trece randas realizadas y expuestas son las que representan a la de nuestro país, pero que se extenderá por toda Sudamérica y resto del mundo.
Es por eso que mi texto concluye aquí, no podré saber si el conjunto puede ayudar a enriquecer o empobrecer el discurso y siendo también que mis opiniones dinamizan como mi persona.
Como verán es una obra ante la cual es difícil detenerse a pensar sin hacer posicionamientos ideológicos o políticos. Pero coincido con Camnitzer al decir que toda obra de arte de algún modo es política, porque nuestras decisiones son políticas.
Desde una perspectiva personal más directa sigo prefiriendo mi primer encuentro con “La Utopía”, esas primeras cuatro randas que dispararon lecturas en muchas direcciones, así solas, sin el otro conjunto de randas que la acompañaban, sin enmarcados, sin muestras.
Octubre de 2014

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