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Punto de vista. Bondi colectivo.

Por Andrei Fernández

 

Se habla por ahí de que hay en la ciudad un grupo de nuevos artistas, que no intentan autoproclamarse artistas -al menos por ahora-, que están hackeando la “escena” del arte contemporáneo local, parece que andan haciendo visibles imágenes e ideas traídas de otros tiempos y geografías, con un nuevo sentido, que se podría señalar como muy de este tiempo, nuestro tiempo, ahora mismo. Dicen que dicen que sorprenden con gestos, que son viejos y nuevos a la vez, pero que por sobre todo: difieren de lo que están haciendo otros artistas y colectivos de artistas tucumanos.También dicen por ahí que se rebelan a ser predecibles, y evitan dar explicaciones.

Bondi colectivo, un grupo de estudiantes de artes plásticas, son los que hicieron un tanque de cartón en la semana de los últimos saqueos, en diciembre de 2013; jugando a la guerrilla cuando se vivía una real guerra civil. Hicieron con preciosismo un tanque de cartón con un cañón que apuntaba a los espectadores; con citas a los soviéticos, usando palabras en alemán, con la estética del arte político de hace casi medio siglo, de ese tiempo en el que se cuestionaban muchas cosas que hoy están totalmente naturalizadas. Se habló mucho de ese tanque, y se habló de él porque cuestionó el arte y su sentido, como no sucedía hace mucho por aquí.

¿Qué querrá decir Stanpunktslebre? Según pude investigar se puede traducir como “teoría del punto del vista”, dice Google que Einstein usó esa palabra como nombre alternativo a su teoría de la relatividad, o algo así.  Stanpunktslebre, así se llamó la exposición de ese tanque de cartón del que tanto se habló en mesas de bares, en pasillos de galerías, en tardes de mates o cervezas, en el diario local, en varios comentarios de Facebook. En el catálogo de Stanpunktslebre se leía: “El arte es una forma de emboscada (ya que hoy todo puede ser transformando en un instrumento de guerra o de arte), el artista crea un estado de tensión permanente, de expectativas constantes. Una víctima constante de la guerrilla artística, es el espectador que se encuentra forzado a activar y afilar sus sentidos. Especialmente si necesita tomar la iniciativa, hacer una crítica más sistemática que sustitutiva, que se pregunte por los métodos de nuestra locura y se interese un poco menos en el cantante y un poco más en la canción”.

Los integrantes de Bondi no quieren decir mucho más que esto,  no quieren que circulen sus nombres;  el día que los entrevisté me contaron todos los detalles de cómo surgió la idea del tanque, cómo consiguieron el cartón, cómo armaron el tanque a escala, cómo se divirtieron, cómo se esforzaron. Me contaron con pasión y alegría los detalles de su hazaña, alguno me guiñó un ojo; se aseguraron de que yo sea consciente del sentido de los silencios, de la fragilidad del cartón, me contaron de su destino. Expresaron que estaban hartos de ver obras en pequeño formato que sueñan con ser vendidas, y que quisieron arriesgarse a trabajar en el espacio, a experimentar algo diferente, que se proponen pensar en “lo social”.

Bondi no intenta escribir manifiestos, su manifiesto es su propio modo de acción.

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